
Hay momentos en los que crecer también significa aprender a dejar algunas cosas atrás. Para Mariana Pinzón, ese momento está cada vez más cerca.
El tenis llegó a la vida de Mariana de una manera casi inesperada. No fue ella quien tomó primero la raqueta. Fue su hermana.
Mariana comenzó a acercarse al deporte mientras la veía jugar. La curiosidad de aquella niña por entrar también a la cancha fue creciendo hasta convertirse en algo mucho más grande. Lo que empezó por seguir los pasos de su hermana, terminó llevándola a construir su propio camino dentro del tenis.
Durante años, su vida ha girado alrededor de una rutina que conoce de memoria: el colegio, los entrenamientos, los torneos, los viajes y el regreso a casa para compartir con su familia y sus amigos. Una dinámica construida mientras el tenis dejaba de ser simplemente un deporte para convertirse en una parte fundamental de su vida.
Su formación ha transcurrido entre las aulas y las canchas. Mientras avanzaba en el colegio, también crecía como tenista y encontraba en la Castiblanco Tennis Academy uno de los espacios fundamentales para desarrollar su carrera. Allí, bajo la orientación de Karen Castiblanco, ha construido buena parte del camino que hoy la lleva a mirar hacia un nuevo escenario. La academia ha acompañado su participación en competencias nacionales e internacionales y su evolución dentro del circuito ITF Junior.
El paso por la academia también ha significado aprender que el tenis no se construye únicamente durante los partidos. Hay horas de entrenamiento, preparación, viajes, derrotas, aprendizajes y decisiones que terminan formando al jugador mucho antes de que llegue un resultado.
En 2025, ese proceso comenzó a reflejarse con mayor fuerza en sus resultados. Mariana alcanzó dos finales de sencillos en el circuito ITF Junior antes de lograr en Valledupar su primer título de la categoría, un resultado que acompañó con un posicionamiento importante en el ranking mundial junior.
Pero mientras su carrera deportiva avanzaba, también llegaba una pregunta inevitable: ¿qué viene después del colegio?
La universidad empezó a aparecer entre las posibilidades desde el año pasado, cuando Mariana se acercaba a su graduación. La decisión no fue sencilla. Su familia ya había pensado en su futuro académico en Colombia e incluso contaba con una póliza de estudio. Al mismo tiempo, ella quería seguir jugando al tenis, que seguía siendo su mayor pasión.
Finalmente, encontró una alternativa que le permitía no tener que escoger entre una cosa y la otra.
“Me decidí porque quería seguir creciendo en el tenis, pero, obviamente, tener una muy buena experiencia académica”, cuenta Mariana.
La posibilidad de combinar las dos cosas fue determinante. “Me gustó la oportunidad de poder hacer las dos cosas al mismo tiempo” añadió Pinzón.
Ahora, por primera vez, tendrá que hacerlo todo de otra manera.
No es solo cambiar de cancha. Es aprender a vivir lejos de casa, conocer nuevas personas, adaptarse a otros entrenadores y asumir responsabilidades que hasta ahora compartía con su entorno más cercano. Y aunque la idea le produce algo de miedo, hay una razón por la que decidió dar el paso: crecer.
“Quiero salir de mi zona de confort y crecer”, afirma la tenista.
A sus 16 años, la bogotana está a punto de comenzar una nueva etapa en Siena University, en Estados Unidos, donde continuará su formación académica mientras sigue creciendo como tenista.
Llega allí después de pasar por el Circuito Nacional Juvenil, las competencias de la Confederación Sudamericana de Tenis y el circuito ITF Junior, donde llegó a ubicarse entre las 500 mejores del mundo y consiguió tres títulos. También representó a Colombia en torneos Sudamericanos.
Pero la historia que se lleva no está hecha únicamente de resultados.
Durante años, el tenis le ha exigido organizar su vida alrededor de entrenamientos, viajes y torneos. Eso ha significado perderse momentos con su familia, encuentros con amigos y planes que para otros jóvenes hacen parte de la cotidianidad.
“Me he tenido que organizar alrededor del tenis”, cuenta.
Ahora el cambio será mayor , pues una de las cosas que más nervios le genera es “empezar una vida completamente nueva” y tener que adaptarse a situaciones diferentes. Pero hay algo que tiene claro: ese temor también hace parte de lo que está buscando.
Mariana quiere conocer nuevas personas, vivir experiencias diferentes, aprender de otros entrenadores y compartir con jugadoras que puedan aportarle dentro y fuera de la cancha. También quiere ganar experiencia compitiendo y ayudar a su equipo a conseguir buenos
resultados.
En este proceso, hay una parte de su juego que ha cambiado especialmente: la mental.
Siente que ha aprendido a manejar los momentos difíciles y, sobre todo, a confiar más en lo que puede hacer dentro de la cancha.
“Lo más notable es mi parte mental”, dice. “He aprendido a manejar mucho mejor los momentos difíciles”.
Cuando juega un partido importante intenta concentrarse en lo que tiene que hacer y no pensar demasiado en el resultado. Para ella, cada punto requiere una estrategia diferente. Y cuando algo sale mal, respira, intenta dejar atrás el punto anterior y se concentra en el siguiente.
No siempre lo consigue, pero también entiende que aprender a hacerlo forma parte del proceso.
Su manera de jugar refleja esa mentalidad. Si tuviera que definirse en tres palabras, escogería “intenso, competitivo y lucha”. Le gusta pelear cada punto y no darse por vencida fácilmente. La disciplina y la constancia son, además, dos características que considera fundamentales para diferenciarse de otras jugadoras de su generación.
Fuera de la cancha, en cambio, Mariana es otra, es más relajada, divertida y espontánea. Le gusta jugar fútbol, practicar otros deportes, compartir con sus amigos del colegio y pasar tiempo con su familia. El contraste es claro: la jugadora seria y competitiva que aparece durante un partido da paso a una joven que disfruta hacer cosas diferentes al tenis.
Esa parte de su personalidad también viajará con ella.
Mariana quiere que sus nuevas compañeras conozcan no solamente a la tenista, sino también a la colombiana que llega a formar parte de un nuevo equipo. Le gustaría que conocieran su cultura, su forma de ser y lo mucho que en Colombia gusta el deporte.
“Estoy llevando una parte de Colombia conmigo”, expresa.
Para ella, representar a su país desde una universidad en otro lugar es una responsabilidad, pero también una oportunidad. Quiere que quienes la rodeen conozcan un poco más de Colombia a través de ella.
Y si hay algo que no ha cambiado en todo este recorrido es el lugar de su familia, ya que han estado desde el comienzo y han acompañado los momentos buenos y los difíciles. Por eso, aunque están felices y orgullosos de verla cumplir algo que siempre ha querido, Mariana sabe
que también existe la nostalgia de verla partir.
“Ellos siempre me han apoyado”, dice. Ahora tendrá que llevar consigo todo lo aprendido hasta aquí.
El tenis le ha enseñado disciplina, responsabilidad e independencia. También le ha mostrado que no todos los partidos terminan como uno espera. Uno de los encuentros que más la marcó, precisamente, fue uno en el que las cosas no salieron como quería. Más que el resultado, se quedó con una enseñanza: siempre hay algo que aprender.
Ese aprendizaje parece acompañar también la decisión de irse.
Mariana no espera que todo sea fácil. Sabe que habrá momentos difíciles, que tendrá que adaptarse y que habrá días en los que extrañará su casa. Pero también sabe que esta oportunidad puede ayudarla a convertirse en una jugadora más completa y, sobre todo, en una persona más independiente.
Si pudiera hablar con la Mariana que comenzó a jugar tenis, tendría algo claro para decirle: “Todo el esfuerzo valió la pena”, también le diría que siguiera disfrutando el proceso y que continuara luchando incluso cuando las cosas no fueran fáciles.
Porque la universidad no representa el final de una etapa en el tenis de Mariana Pinzón. Es la continuación de una historia que comenzó mucho antes, entre el colegio, la academia, las primeras competencias y todos esos días en los que tuvo que aprender que perseguir un sueño también implica hacer sacrificios.
Una historia que ahora seguirá escribiéndose lejos de Colombia, pero con una raqueta en la mano, los aprendizajes de todos estos años y una parte de su país dentro de la maleta.
Por: Valentina Gutiérrez Orjuela - Equipo de Comunicaciones FCT
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