
Antes de los títulos, de los viajes y de representar a Colombia, María Camila Vélez tenía una costumbre que todavía parece acompañarla cada vez que entra a una cancha: quería pegarle duro a la pelota. Muy duro.
El tenis llegó a su vida casi por casualidad. Su hermano tomaba clases y ella comenzó acompañándolo. Un día quiso probar y la sensación fue inmediata. Le gustó el deporte, competir y, sobre todo, le gustó golpear la pelota con fuerza. Tanto, que recuerda entre risas que durante sus primeras clases algunas veces terminó pegándoles a los profesores cuando jugaba.
Aquel gusto inicial comenzó a convertirse en algo más serio con el paso de los años. Sus padres fueron los primeros en acompañarla en ese camino, en ayudarla a tomar la decisión de seguir y, sobre todo, en recordarle que podía confiar en ella misma. Su familia, que ella describe como muy unida, sigue siendo uno de los pilares de su carrera.
También lo es su entrenador Dayan, a quien reconoce como una figura muy presente durante todo su proceso y alguien que la ha ayudado a crecer como jugadora.
A los 12 años, María Camila ya tenía clara una decisión: quería seguir compitiendo y luchar por sus sueños a través del tenis. Desde entonces, su
recorrido comenzó a llevarla por diferentes escenarios del tenis juvenil colombiano hasta abrirle la puerta al Circuito Mundial Junior.
Su proceso también ha sido acompañado por la Federación Colombiana de Tenis. En el informe de gestión de 2024, la FCT ya registraba a María Camila como representante en el COSAT Grado 4 de Cúcuta, en la categoría de 16 años. Era una señal de un camino competitivo que venía construyéndose desde las canchas de su ciudad antes de dar el salto internacional.
En 2025 empezó a construir una hoja de ruta cada vez más exigente. Disputó torneos J30 en Mosquera, Ibagué, Pereira, Valledupar y Barranquilla, además de competir en J60 como Cartagena y Anapoima y tener presencia en un J100 en Cali.
Pero hubo un escenario que tiene un significado especial: Cúcuta.
En septiembre de 2025, en las canchas de su ciudad, María Camila se quedó con el título femenino de 16 años del COSAT Grado 4 de Cúcuta. Fue uno de esos resultados que empiezan a contar una historia antes de que lleguen los escenarios internacionales.
Su evolución continuó en 2026. Antes de viajar a Panamá, alcanzó los cuartos de final de los J30 de Mosquera e Ibagué, mientras seguía acumulando partidos y experiencia frente a jugadoras de diferentes países.
Pero detrás de esos resultados hay una personalidad que ella misma resumem en tres palabras: alegre, perseverante y dedicada.
Fuera de la cancha es extrovertida. Le gusta bailar, hablar, reírse, expresarse y compartir con los demás. Disfruta las películas, los planes con su familia, los espacios abiertos, las fincas, la naturaleza y los animales.
Pero basta con que comience un partido para que aparezca otra versión de ella.
“Dentro de la cancha me vuelvo más seria, más enfocada en el partido”, explica.
Esa concentración es precisamente una de las características que reconoce como su mayor fortaleza. María Camila intenta mantenerse enfocada en la pelota y, especialmente, en el punto que tiene por delante. Incluso tiene una aliada particular durante los momentos de tensión: la toalla.
Para ella, acudir a la toalla no es simplemente una rutina entre puntos. Es una manera de respirar, tomarse su tiempo y volver a empezar.
Las derrotas también han sido parte de ese aprendizaje. De ellas dice haber aprendido, principalmente, a no rendirse. A entender que un partido nunca está completamente definido y que incluso cuando las cosas parecen complicarse siempre existe una posibilidad de cambiar la historia.
Esa enseñanza tendría una prueba perfecta en Panamá.
En agosto de 2026, María Camila viajó a Ciudad de Panamá para disputar dos torneos ITF J30. Era su estreno internacional y llegaba con 15 años, después de varios meses de construcción en el circuito junior. La expectativa era comenzar a sumar experiencia fuera de Colombia. Lo que terminó ocurriendo fue mucho más grande.
La primera semana no fue sencilla.
En el primer J30 de Panamá, María Camila se encontró precisamente con la venezolana Michelle Agelvis, quien la derrotó en un partido que terminó 0-6, 7- 5 y 11-9. Una derrota de esas que dejan poco margen para respirar: después de ganar con autoridad el primer set, Vélez vio cómo su rival reaccionaba y terminaba llevándose el encuentro en el súper tie-break.
Una semana después volvieron a encontrarse. Esta vez, el escenario era diferente. María Camila había llegado hasta la final del segundo J30 de Ciudad
de Panamá y tenía delante a la misma jugadora que días atrás le había cerrado el camino.
La historia cambió.
Vélez derrotó a Agelvis por 6-2 y 6-3 y conquistó el primer título ITF Junior de su carrera.
Y lo hizo con una semana perfecta.
En la fase de round robin superó por doble 6-1 a la rumana Claudia Muntean y 6-1, 6-0 a la boliviana Dominique Meza, además de obtener una victoria por W.O. frente a la estadounidense Aanya Patel. En cuartos de final venció a la colombiana Isabella Giraldo por 6-0 y 6-3, mientras que en semifinales derrotó a la canadiense Mina Woodruff por 6-4 y 6-2. En la final llegó el 6-2, 6-3 sobre Agelvis. No cedió un solo set durante todo el torneo.
Pero para María Camila, aquella copa no empezó en Panamá.
Empezó mucho antes, incluso en los meses en los que tuvo que detenerse.
Durante 2026 sufrió lesiones que la obligaron a estar cerca de tres meses fuera de competencia. Volver a entrenar, recuperar el ritmo y reconstruir la confianza hizo que levantar el trofeo tuviera un significado especial. “He trabajado muy duro por esto”, cuenta.
Por eso, el título no representa únicamente su primer campeonato ITF. Representa también la confirmación de que después de una pausa, de volver a empezar y de trabajar fuerte, el camino podía continuar.
Su mirada está puesta más adelante.
Después de Panamá quiere continuar compitiendo en torneos J60 y posteriormente buscar oportunidades en categorías superiores como los J100.
Su intención es seguir sumando experiencia internacional y acercarse cada vez más a los niveles más exigentes del circuito junior.
También existe otro objetivo que tiene un significado diferente: Colombia.
Representar al país internacionalmente ha sido uno de sus grandes sueños. María Camila quiere tener la oportunidad de competir en eventos por equipos y ahora tiene puesta la mirada en la Billie Jean King Cup.
“Dejar a Colombia en alto” es, para ella, una motivación para continuar. Ese deseo de representar al país también se relaciona con el lugar del que viene.
Cúcuta ha sido el punto de partida de grandes historias del tenis colombiano. Fabiola Zuluaga y María Camila Osorio son dos de los nombres que marcaron el camino y ahora Vélez comienza a escribir el suyo.
Y la relación con Osorio no se queda solamente en compartir ciudad.
María Camila ha tenido la oportunidad de encontrarse con ella, pedirle consejos y recibir motivación. De hecho, con apenas 15 años, también ha sido una de las sparrings de Osorio cuando la mejor raqueta colombiana se encuentra en su Cúcuta natal.
Ese detalle dice mucho del lugar que ocupa hoy María Camila dentro del entorno tenístico de su ciudad: todavía está construyendo su carrera, pero ya tiene la oportunidad de compartir cancha con una de las grandes referentes que salieron de Cúcuta.
De Osorio admira especialmente la disciplina, la humildad, el respeto, el cuidado personal y la cercanía con su familia. No la mira únicamente como una gran tenista, sino como una referencia de la persona y la deportista que quiere llegar a ser.
“Lo que yo quiero ser cuando sea grande”, dice María Camila cuando habla de ella.
Hoy, con 15 años, su carrera apenas comienza a tomar forma.
Si pudiera hablar con aquella María Camila que apenas comenzaba, no le hablaría de rankings ni de trofeos. Le diría que siga luchando por sus sueños, que no se rinda y que conserve la convicción.
“Que el sueño nunca se apague”.
Quizás esas palabras resumen mejor que ninguna otra la historia de María Camila Vélez. La de una cucuteña que comenzó tomando una raqueta para
golpear una pelota tan fuerte como pudiera y que hoy, años después, empieza a abrirse camino en el tenis internacional.
El primer título ya está en sus manos. Lo que viene todavía está por escribirse.
Pero si algo ha aprendido en el camino es que, cuando se tiene un sueño, siempre hay una razón para seguir adelante.
Por Valentina Gutiérrez Orjuela – Equipo de comunicaciones
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