
Hay sueños que empiezan sin hacer demasiado ruido. Para Valeria Arteaga, el suyo comenzó en una cancha de tenis, cuando todavía no imaginaba hasta dónde podía llevarla una raqueta. Hoy, la sucreña se perfila como una de las figuras jóvenes de su región y continúa construyendo un camino que ya la lleva a pensar en grande.
Valeria es fruto de las escuelas de formación de la Federación Colombiana de Tenis y actualmente continúa su proceso de preparación en la academia de Forest Hills, donde sigue creciendo como jugadora y adquiriendo nuevas herramientas para avanzar en su carrera. Desde Sucre, su historia también representa el crecimiento de una región que busca seguir dejando su huella en el tenis nacional.
El tenis, además de enseñarle a competir, le ha enseñado a conocerse y a crecer. Cuando mira a la niña que comenzó a jugar y la compara con la jugadora que es hoy, reconoce que hay cambios que van mucho más allá de la cancha. “Ahora mismo podría decir que controlo mejor mis emociones, soy una persona más disciplinada, más comprometida, responsable y me ha enseñado a resolver problemas, tanto en lo deportivo como en lo personal”, asegura.
Ese crecimiento también ha significado aprender a hacer sacrificios. Combinar el colegio con los entrenamientos no siempre es sencillo y, en su caso, incluso ha tenido que aprovechar los descansos escolares para cumplir con sus tareas, porque el resto del día no alcanza para hacerlo todo. “El sacrificio más grande que he hecho es el de tomar los descansos de mi colegio para hacer tareas, ya que en el resto del tiempo del día no me alcanza el tiempo”, cuenta. Una experiencia que, a su vez, le ha enseñado “a ser una persona disciplinada y responsable”.
En la cancha, Valeria también ha aprendido a convivir con la frustración y a entender que una derrota no es el final del camino. Esa madurez es parte de un proceso que ha ido construyendo mientras suma experiencias y representa a Sucre en los diferentes escenarios nacionales.
Uno de esos momentos llegó en el Torneo Nacional Interligas 2026, donde junto a Daniela Martínez consiguió la medalla de plata en la categoría 12 años femenino A. Un resultado que habla de su crecimiento individual, pero también del trabajo que se viene realizando para fortalecer el tenis en Sucre.
Y mientras continúa trabajando en el presente, Valeria ya tiene claro cómo quiere verse en el futuro. “En unos años me imagino entrando en el mundo del tenis profesional y representando a Colombia por todo el mundo”, afirma. Llevar el nombre del país en una cancha, además, tendría un significado especial para ella: “Sería un orgullo muy grande poder representar a mi país en un torneo y sería recoger los frutos de mi esfuerzo y de mi trabajo”.
Su sueño, además, no es pequeño. Quiere convertirse en profesional, jugar todos los Grand Slams y ganarse Roland Garros. Y cuando piensa en aquella niña sucreña que comenzó este camino sin saber hasta dónde podía llegar, tiene un mensaje que resume la mentalidad con la que quiere seguir avanzando: “Que no tenga miedo, que va a ser una gran tenista, que cuando se frustre piense que eso es normal, que una derrota no define cómo va a ser su camino, su proceso y cómo va a ser su jugadora. Y que lo va a lograr”.
Hoy, Valeria sigue construyendo ese sueño punto a punto. Todavía queda mucho camino por recorrer, pero la niña que un día tomó una raqueta sin saber hasta dónde podía llegar ya tiene algo fundamental: sabe hacia dónde quiere ir.
Por Valentina Gutiérrez Orjuela – equipo de Comunicaciones
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