
Antes de que el tenis se convirtiera en una parte esencial de su vida, Ana María Dallos Garzón pasó por distintos deportes. Era apenas una niña cuando probaba diferentes disciplinas, sin imaginar que a los 10 años encontraría una que terminaría acompañándola mucho más allá de las canchas.
El tenis llegó a través de unos cursos ofrecidos por la Alcaldía de Bogotá. Lo que comenzó como una actividad deportiva fue tomando otro significado. Con el deseo de formarse como tenista, Ana María ingresó a la Liga de Tenis de Bogotá y allí comenzó a construir los primeros capítulos de un camino que hoy continúa desde otra perspectiva.
“Desde ahí considero que empezaron mis primeros pasos para mi vida profesional”, recuerda.
Aquellos años de entrenamiento no quedaron atrás. Por el contrario, se convirtieron en una base que hoy utiliza en su trabajo. La experiencia de haber vivido el deporte desde dentro le permite comprender mejor a los jugadores que acompaña y entender que detrás de cada proceso hay necesidades, ritmos y desafíos diferentes.
Su llegada a las Escuelas Deportivas de la Federación Colombiana de Tenis representó un nuevo reto. Esta vez no estaba allí únicamente para aprender: también tenía la responsabilidad de aportar al crecimiento de otros.
Los primeros días exigieron adaptación. Conocer a los niños, entender sus personalidades, encontrar las estrategias adecuadas para cada clase y
construir un vínculo con ellos fue un proceso que tomó tiempo. Pero precisamente esas primeras dificultades terminaron convirtiéndose en aprendizajes que hoy hacen parte de su manera de trabajar.
Con el paso del tiempo, Ana María descubrió que enseñar también significaba aprender. Cada grupo, cada jugador y cada situación le exigieron desarrollar una mayor capacidad para resolver problemas, adaptarse y encontrar nuevas maneras de acompañar los procesos.
Y allí encontró una de las mayores satisfacciones de su profesión: saber que puede dejar algo en cada deportista que pasa por su camino.
Desde la preparación física, su mirada va más allá del rendimiento. Le interesa entender qué necesita cada jugador y cómo puede ayudarlo a desarrollar sus capacidades de acuerdo con las exigencias particulares del tenis. Por eso, su formación tampoco se detiene.
Una de las experiencias que marcó ese proceso fue su participación en el campamento COSAT Pablo Cuevas, en Uruguay, donde tuvo la oportunidad de representar a Colombia como preparadora física.
Llegar a ese espacio significó encontrarse con otros entrenadores, profesionales y metodologías de trabajo. Pero también significó enfrentarse a
una experiencia personal importante: era la única entrenadora mujer presente en el campamento.
Al principio, reconoce, podía resultar abrumador. Sin embargo, aquello que inicialmente pudo sentirse como una dificultad terminó convirtiéndose en una oportunidad para mirar con otros ojos el lugar de las mujeres dentro del tenis.
Ana María regresó de Uruguay con una certeza más fuerte: hay un enorme espacio para que las mujeres sigan aportando al deporte.
Desde su perspectiva, cualidades como la capacidad de adaptación, la empatía, la atención al detalle y la determinación pueden aportar nuevas miradas a los procesos deportivos. Por eso considera importante que continúen abriéndose espacios para más entrenadoras y profesionales, para que puedan desarrollar todo su potencial.
La experiencia también reafirmó algo que ha aprendido durante su recorrido: la formación nunca termina.
Para Ana María, crecer profesionalmente no significa únicamente acumular cursos o conocimientos técnicos. También significa compartir con otros profesionales, conocer diferentes maneras de trabajar, enfrentarse a nuevos retos y aprender de cada persona que hace parte del proceso.
En ese camino reconoce a entrenadores, preparadores físicos, jugadores y a quienes desde la Federación Colombiana de Tenis han confiado en su trabajo. De cada uno ha recibido una enseñanza diferente: de los entrenadores, la importancia de entender que la preparación física debe estar al servicio del desarrollo integral del jugador; de los deportistas, la disciplina, la constancia y la capacidad de adaptación; y de quienes le han dado nuevas oportunidades, la confianza para asumir retos y seguir creyendo en sus capacidades.
Hoy, una de sus mayores motivaciones está precisamente en observar la evolución de los jugadores. Ver cómo avanzan, cómo superan dificultades y cómo alcanzan nuevos objetivos le recuerda por qué eligió este camino.
Su mirada está puesta ahora en continuar especializándose. Quiere profundizar sus conocimientos en preparación física específica para el tenis, prevención de lesiones, recuperación y planificación del entrenamiento. También quiere seguir conociendo otras metodologías y aprendiendo de profesionales que puedan ampliar su perspectiva.
Cuando compara a la Ana María que comenzó este proceso con la profesional que es hoy, reconoce que la transformación ha sido profunda.
Ya no es solamente aquella niña que encontró el tenis a los 10 años. Tampoco es la misma profesional que llegó por primera vez a una escuela intentando encontrar la manera de conectar con sus alumnos. Hoy se siente con más experiencia, más confianza y una visión mucho más amplia del deporte formativo y del alto rendimiento.
Pero hay algo que permanece intacto: las ganas de seguir aprendiendo.
Su próximo objetivo es consolidarse como una preparadora física especializada en tenis y tener la oportunidad de acompañar a jugadores en diferentes etapas de sus carreras. Quiere estar allí para aportar desde su profesión, ayudar a que otros alcancen sus propias metas y, algún día, verlos llegar tan lejos como sean capaces de soñar.
Su historia todavía está en construcción. Quedan conocimientos por adquirir, nuevos retos por asumir y jugadores a quienes acompañar. Pero hay una certeza que permanece desde aquellos primeros años en la Liga de Tenis de Bogotá: el deseo de seguir vinculada a un deporte que le enseñó a crecer y que hoy le permite ayudar a otros a encontrar su propio camino.
Ese es, quizás, el verdadero sentido de su recorrido: seguir aprendiendo para que otros también puedan llegar más lejos.
Por Valentina Gutiérrez Orjuela – Equipo de Comunicaciones FCT
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